A principios de los 2000 teníamos un compañero en mi escuela de música que buscaba figurantes para hacer playback en los programas producidos por José Luis Moreno.
Recuerdo el pavoneo que llevaba el pavo, que no sólo tocaba el saxofón (el instrumento más fácil del mundo) sino que creía que tenía un gran poder sin ninguna responsabilidad.
Así, quien le tocara las castañuelas, le bailara las lentejuelas, le comiera lo gordo, iba a la tele a hacer un poco el canelo.
Hay que entender que en aquella época estos bolos eran magníficos.
José Luis Moreno, entre muchas cosas, es pianista.
Será un personaje controvertido, quizá te caiga mal o no te guste lo que produce.
A mí tampoco.
Pero él sabe reconocer el esfuerzo que es dedicar tu vida a la música.
Por eso, sus figurantes eran músicos. Porque tenían que parecer que sabían lo que hacían.
Y pagaba bien.
Sabiendo esto, el pavo que te contaba antes, se paseaba por mi escuela de música como si cagara pepitas de oro.
Imagínate la foto.
Tenía un séquito de seres con menos personalidad que un helado de nata.
Por supuesto, a mí nunca me escogían. No por nada concreto, sino porque normalmente una trompa no era un instrumento requerido.
Y porque chupar culos no se me da especialmente bien.
Esto cambió en diciembre de 2005.
Diciembre es el agosto de los músicos. Las Navidades hacen que trabajemos el triple.
Esto incluye también los especiales de la tele, que se multiplican como kombucha en una sauna.
Y resulta que para una canción de Miguel Bosé necesitaban una trompa.
Fui el último recurso, ya que muchos compañeros tenían otros bolos apalabrados y este especial lo habían organizado tarde y mal.
Me dijeron que fuera a un sitio que no recuerdo y que me llevara un traje de un color que tampoco recuerdo.
Así lo hice.
Nunca había estado en un ambiente como ese.
La estrella del especial era Miguel Bosé, con el que grabamos un par de canciones.
Parecía sobrio.
No puedo decir lo mismo del resto del elenco.
Los segundos estrellados eran los actores y actrices de Aquí no hay quien viva.
En especial las tres viejas, que iban dobladas. Más pedo que tu cuñado en la boda de tu prima.
Me impresionó que una de ellas, Emma Penella salía tan crujida que la llevaban en brazos dos hercúleos bailarines en mallas apretadas.
Recuerdo la purpurina de sus mallas.
Quizá la vieja fingía para que la llevaran en brazos.
Mientras, el resto del elenco masculino, estaba en vestuarios con su propia fiesta de alcohol y aditivos nasales.
El caso es que cuando tenían que actuar, parecía como si les hubieran tirado un cubo de agua helada encima. Todos hacían lo que tenían que hacer.
En una toma y a seguir la fiesta.
Por eso eran tan buenos.
Mientras esperábamos entre actuaciones (hay que esperar mucho en estas grabaciones, estás todo el día prácticamente haciendo nada), se acercó a nosotros Lina Morgan.
Yo le tenía un gran respeto porque mi madre le tenía un gran respeto.
Recuerdo que de pequeño me llevó a alguna obra suya en el Teatro La Latina.
Aparentemente me partía de risa.
De niño tenía un humor muy peculiar.
Bueno.
Se nos acercó Lina Morgan, también bastante piripi, me dijo algo y me tocó el culo.
Obviamente no era menor pero, siempre he aparentado menos edad de la que tengo.
Se cayó el mito.
Aunque en ese momento, compartí una mirada cómplice con mi compañera Ana (ambos estudiábamos en la misma escuela) y siguió nuestra vida como si nada.
Recuerdo salir justo después a grabar el par de canciones con Miguel Bosé.
Recuerdo que una de ellas ni si quiera tenía una parte para que yo tocara así que me quedé sin hacer nada en la tele.
No sé hacer playback.
No me volvieron a llamar.
No por nada en concreto, porque no necesitan trompas en este tipo de grabaciones.
PD: también recuerdo cobrar a tiempo.
Dirás, pues claro, normal.
Pero en la música lo normal no es cobrar a tiempo.
Aparte de cobrar mal.
Pero esto no era así con José Luis Moreno.
Agradezco esta primera experiencia en mi vida laboral y agradezco no haber repetido.
Aunque en su momento habría estrangulado a algún compañero para poder volver.
Mas tarde me enteré que empezaron a llamar a músicos sin tener que saber tocar el instrumento con el que ibas a hacer playback.
Lo que pasa es que ya me había mudado.

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