Vivo en uno de esos pisos donde hay dos baños.
Al ridículo le llaman aseo. A veces para hacer más daño, le llaman aseo de invitados.
En mi caso es ridículo de verdad. No sólo en tamaño sino en prestaciones.
La ducha es tan pequeña que la usamos de armario.
Pero este aseo para invitados tiene sorpresas y nunca puedes subestimar quién te puede hacer daño.
Un día, estando solo en casa y haciendo tiempo para la reunión de la mañana (bonito eufemismo para decir que estaba cagando), se bloqueó la puerta.
Como trabajo en remoto, me entró el pánico.
¿Cómo iba yo a explicar la razón por la que llegaba tarde?
Mi mujer estaba en la guardería y, gracias a que me llevo el móvil al baño pude avisarla.
Pero antes intenté salir yo por mis medios sin entender a qué problema me estaba enfrentando.
Pensaba que era el pestillo, que se habría bloqueado. Así que me puse manos a la obra para romperlo y poder salir.
Lo conseguí.
Conseguí romperlo pero, no conseguí salir.
Entonces no entendía nada y pensaba que tendría que tirar la puerta abajo.
No sólo porque vivo de alquiler, sino porque aprecio mi hombro, decidí avisar a mi mujer.
Ella tuvo que convencer a otra madre para que, con toda la urgencia del mundo volviera a casa en coche.
«Mi marido se ha quedado encerrado en el baño», dijo.
Cuando ella desbloqueó la puerta sin ningún esfuerzo, salí sudoroso de allí dispuesto a contar esta historia a mis compañeros de reunión.
Cometí un error.
No entendí cuál fue el problema.
Un día se quedó bloqueada mi mujer. Desde fuera fue más fácil entender qué estaba pasando.
No tenía nada que ver con el pestillo.
No era un problema con la manilla.
Ni si quiera un espíritu que quería putearnos.
La puerta del pasillo se abre en contra de la puerta del aseo de invitados. Como no tiene tope en el suelo, si se abre por completo, la manilla bloquea la manilla del baño.
Perdón. Del puto aseo de invitados.
Así pues, simplemente empujando un poco la puerta, puedes abrir la bloqueada sin mucho drama.
Ayer me volví a quedar encerrado.
Otra vez solo en casa.
Otra vez antes de una reunión.
Apliqué todo lo que he aprendido pero no funcionó. El agujero del pestillo (que ya no tiene pestillo) era lo suficientemente pequeño como para que no pudiera introducir nada y empujar la puerta del pasillo.
5 minutos después seguía en el baño, pensando de qué manera podía empujar la puerta a través de ese agujero minúsculo.
En ese aseo de invitados no tenemos muchas cosas que me pudieran ayudar.
Hasta que vi la salida. Se hizo clara en mi mente.
No tiré la puerta abajo.
«Puedo empujar la puerta del pasillo por debajo de la puerta del aseo», pensé.
Sólo necesitaba algo lo suficientemente plano como para poder meterlo en la rendija entre la puerta y el suelo.
No hace falta que te explique el final de la historia. Estoy aquí sentado escribiendo por lo que he salido del aseo.
Lo que quería contar es que, cuando menos te lo esperas, el más tonto te puede joder la vida.
El aseo de invitados.
PD: recuerda que esto funciona al revés. El más tonto también te puede mejorar la vida.
Nunca sabes dónde te lo vas a encontrar.
Nunca sabes cómo tu aseo de invitados te va a afectar.

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