La costumbre

te lo cuento porque

Me asombra la capacidad que tenemos como seres humanos para acostumbrarnos a las cosas. Para hacer de cosas horribles parte de nuestras rutinas.

Horribles o maravillosas.

Lo que pasa es que hoy te cuento algo que no se puede decir que fuera bueno.

Para que te sitúes, yo estudié en San Sebastián.

En aquella época todavía había terrorismo de la banda ETA.

De hecho, recuerdo cuando le dije a mi familia que me iba a estudiar a San Sebastián, la única preocupación que tuvieron fue que no me pusieran una bomba.

Que no te pongan una bomba

Así me lo decían.

Nunca ocurrió.

Pero sí que es verdad que hubo ocasiones de tensión en las calles. No fue algo que me pusiera en peligro personalmente.

Lo único que ponía en peligro era la cantidad de pinchos que pudieras pagar en una tarde. Porque comer, los podía comer todos.

Un día cambió esa suerte.

Aunque ahora verás que no fue como yo me lo podía imaginar.

Un día de diario, con todo el Boulevard repleto de gente esperando a los autobuses, yo me subí en uno de la línea 28.

Ese día tenía que ir pronto a un ensayo pero no habíamos quedado en el conservatorio por lo que, era la primera vez que me subía en esa línea.

Nada más entrar y con el autobús repleto de personas, se subió un hombre joven con pasamontañas.

Fue uno a uno hablando con mucha tranquilidad lo siguiente:

«Si son tan amables de bajar del autobús que lo vamos a quemar»

Habría pensado que todo era una broma de cámara oculta sino fuera porque la gente empezó a bajar ordenadamente y con mucha calma.

Yo tampoco quería ser el más listo así que bajé con el resto de gente.

Veía como todo el mundo se dispersaba, con el móvil en mano mandando mensajes o llamando por teléfono.

«Kaixo. Sí, otra vez. No, estoy en el Boulevard, lo que tarde. Pero no cuentes conmigo ahora.»

No quería entender nada aunque en realidad no estaba preparado para lo que iba a pasar.

Corriendo llegaron otros dos hombres con pasamontañas con unos cócteles molotov que tiraron dentro del autobús.

Todo empezó a arder y en cuestión de minutos toda la calle estaba cortada.

Los pirómanos desaparecieron tal como vinieron. El resto de la calle estaba calmaba esperando a que la Ertzaintza y los bomberos hicieran acto de presencia.

Probablemente ha sido una de las cosas más surrealistas que he vivido.

Sobre todo por la calma del resto de la gente, que tenía totalmente normalizado este tipo de situaciones.


PD: ni te imaginas la llamada que tuve que hacer ni las caras que me pusieron cuando llegué más de una hora tarde a mi ensayo.

Te cuento todo esto para que veas que en la vida, uno se acostumbra a todo.

A día de hoy, este relato es imposible pero, hace unos años era una norma.

Al igual que en otros países están acostumbrados a vivir en guerra.

Al igual que muchas personas están acostumbradas a hablarse mal a sí mismos.

Yo trato de no acostumbrarme a lo malo pero, todavía tengo trabajo que hacer.

Deja un comentario